Nos encanta pisar la viña y conocer los lugares donde se hace el vino. Disfrutar el viaje mientras lo estás viviendo y hacerlo, también, cuando regresas a casa y vuelves a abrir una botella.
Mi reciente visita a la Denominación de Origen Arlanza, formando parte de un grupo de la Asociación Española de Periodistas y Escritores del Vino (AEPEV), me ha permitido poner cara a unos cuantos elaboradores de etiquetas que ya conocía y descubrir nuevos elaboradores y elaboraciones.
Nos invitaron a conocer una denominación de origen, sus paisajes, sus bodegas y sus vinos. Y, aunque todo eso ha merecido mucho la pena, me quedo especialmente con las personas.
Con quienes nos recibieron, nos dedicaron su tiempo, compartieron sus proyectos y nos ayudaron a comprender qué significa elaborar vino en este rincón de Castilla y León.
Hay algo que siempre, desde que empecé en este mundo tuve claro: para conocer de verdad un vino, no basta con catarlo. Hay que acercarse al lugar donde nace y escuchar a quienes lo hacen posible.
Y Arlanza nos ha dado esa oportunidad.
D.O. Arlanza: una denominación pequeña con mucho que contar
La Denominación de Origen Arlanza se encuentra en Castilla y León, entre las provincias de Burgos y Palencia, siguiendo buena parte del valle del río que le da nombre.
Es una tierra de contrastes, donde los viñedos comparten paisaje con campos de cereal, páramos, pequeños pueblos y un patrimonio histórico que forma parte de la personalidad de la comarca.
La denominación cuenta con más de 450 hectáreas de viñedo y el directorio del Consejo Regulador recoge 27 bodegas y productores.
No estamos hablando de una de las grandes regiones productoras de España. Y precisamente ahí reside parte de su encanto.
En Arlanza encontramos proyectos de diferentes dimensiones, viñedos antiguos, bodegas familiares y elaboradores que han apostado por recuperar el potencial vitivinícola de un territorio que merece mucha más atención.
Arlanza ha tenido que encontrar su sitio a la sombra de una vecina tan poderosa y reconocida como Ribera del Duero. Y no siempre es fácil hacerse escuchar cuando se comparte territorio con una denominación que ha conseguido tanta notoriedad, dentro y fuera de nuestras fronteras. Pero sería un error confundir reconocimiento con calidad, porque Arlanza tiene identidad, historia y argumentos de sobra para reivindicar su propio lugar en el mapa del vino español. No se trata de competir, sino de descubrir que hay mucho más por conocer.
Aunque la denominación de origen fue reconocida en 2007, su tradición vinícola se remonta a la Edad Media, cuando los monasterios tuvieron un papel fundamental en la expansión del cultivo de la vid.
Después llegaron el abandono de muchos viñedos y la pérdida de población rural.
Hoy, conservar y recuperar parte de ese patrimonio es también una manera de mantener vivo el territorio.
Y, después de conocerlo un poco mejor, ese esfuerzo adquiere un significado especial.
¿Qué hace diferentes a los vinos de Arlanza?
Una de las primeras cosas que llama la atención es la influencia de la altitud y del clima.
Estamos en una zona de clima continental, con inviernos fríos, veranos calurosos y diferencias de temperatura importantes entre el día y la noche.
Estas condiciones, junto con la diversidad de suelos y orientaciones, influyen en la maduración de la uva y ayudan a explicar el carácter de sus vinos.
La gran protagonista es la Tempranillo, conocida aquí como Tinta del País.
Y resulta especialmente interesante comprobar cómo una variedad que conocemos tan bien puede expresarse de manera diferente cuando cambia el territorio.
La denominación también contempla otras variedades tintas, como Garnacha, Mencía, Cabernet Sauvignon, Merlot y Petit Verdot, además de variedades blancas como Albillo y Viura.
Esta diversidad, unida a las distintas formas de trabajar de sus bodegas, permite encontrar estilos muy diferentes.
Y eso es algo que pudimos comprobar durante nuestra visita.
Nueve bodegas, nueve maneras de interpretar Arlanza
Una de las grandes riquezas del viaje fue la oportunidad de probar vinos de nueve proyectos de la denominación.
Bodegas Septien, Bodegas Decorus, Vinos Sinceros, Amcotur, Bodegas Sierra, Palacio de Lerma, Buezo, Señorío de Valdesneros y Bodega Lerma.
Nueve nombres que reflejan la diversidad de esta región y que nos permitieron acercarnos a distintas interpretaciones de un mismo territorio.
Cada bodega toma sus propias decisiones: cómo trabajar el viñedo, cuándo vendimiar, qué variedades utilizar o qué estilo de vino quiere elaborar.
Y esas decisiones acaban marcando diferencias que merece la pena descubrir en la copa.
Como sumiller, una de las cosas que más disfruto de estos encuentros es precisamente esa posibilidad de comparar, preguntar y ampliar la mirada.
Salimos de nuestras referencias habituales y descubrimos vinos que quizá no resultan tan conocidos para el consumidor, pero que tienen mucho que aportar.
Una magnífica forma de recordarnos que el mundo del vino es demasiado grande para beber siempre lo mismo.
Cuando la hospitalidad forma parte de la experiencia
Hay algo que no aparece en las fichas técnicas de los vinos y que, sin embargo, puede hacer que recuerdes un viaje durante mucho tiempo: cómo te han hecho sentir.
Por eso quiero dedicar unas palabras especiales a quienes nos acompañaron.
A Elisa y Ramiro, del Consejo Regulador de la D.O. Arlanza, por la acogida y por ayudarnos a conocer una región que tiene mucho que ofrecer.
A Rubén, de Bodegas Valdesneros y Luis, de Bodegas Decorus por compartir con nosotros sus proyectos y acercarnos a la realidad de quienes trabajan para dar visibilidad a los vinos de esta tierra.
A Bodegas Buezo, que además de mostrarnos su hospitalidad nos hicieron de perfectos anfitriones durante el almuerzo. Alrededor de una mesa y con unas cuantas botellas descorchadas surgen grandes conversaciones … y también se aprende mucho de vino. Casi siempre son precisamente esos momentos los que mejor se recuerdan.
Detrás de cada uno de estos encuentros hay algo que merece ser reconocido: tiempo, dedicación y ganas de compartir.
Y eso, cuando alguien organiza una visita para profesionales del vino, tiene muchísimo valor.
Mucho más que elaborar vino: mantener vivo un territorio
Una de las cosas que más me hacen reflexionar en este tipo de viajes es el papel que tienen las pequeñas bodegas en el medio rural.
Porque elaborar vino en una zona como Arlanza supone mucho más que producir botellas.
Significa conservar viñedos, recuperar parcelas que podrían quedar abandonadas, generar actividad económica y contribuir a que los pueblos mantengan su identidad.
Un ejemplo interesante es Bodegas Decorus, un proyecto que ha apostado por recuperar viñas viejas y trabajar con una filosofía de respeto por el entorno.
También Bodegas Valdesneros representa esa voluntad de recuperar y dar continuidad a la tradición vitivinícola del Cerrato palentino.
Son iniciativas que nos recuerdan que la viticultura puede desempeñar un papel importante en el futuro de muchos territorios rurales.
Por supuesto, no todo es romanticismo. Detrás hay mucho esfuerzo, inversiones, dificultades y un mercado difícil en el que hacerse un hueco no siempre resulta sencillo.
Precisamente por eso creo que merece la pena conocer estos proyectos y darles visibilidad.
Lo que nos aportan estos encuentros a quienes comunicamos el vino
Formar parte de una visita como esta con compañeros de AEPEV es una oportunidad para seguir aprendiendo.
Y no solamente sobre vinos.
Nos permite escuchar diferentes puntos de vista, conocer proyectos que quizá no habríamos descubierto de otra manera y comprender mejor la realidad de las regiones vitivinícolas.
Gracias, Arlanza. Nos llevamos mucho más que vinos
Quiero terminar este pequeño recorrido con un agradecimiento sincero.
Al Consejo Regulador de la D.O. Arlanza, por invitarnos y hacer posible este encuentro.
Me llevo el recuerdo de un territorio que merece ser descubierto, de vinos que seguiré teniendo muy presentes y, especialmente, de personas que trabajan con ilusión para dar a conocer lo que tienen entre manos.
En Entre Cepas siempre defendemos que uno de los mayores placeres del vino es descubrir lugares, variedades y productores que todavía no conocemos.
Este viaje me ha reafirmado en esa idea.
Porque hay vinos que nos gustan, vinos que nos sorprenden y vinos que, cuando volvemos a probarlos, nos llevan directamente a un lugar y a unas personas.
Estoy segura de que, a partir de ahora, cuando abra una botella de Arlanza, recordaré mucho más que sus aromas y sabores.
Gracias por hacernos sentir tan bienvenidos.



