Socia Fundadora

Ana I. Sánchez Pavón

Siempre pensé que los sueños están para alcanzarlos y que las personas son seres fascinantes con mucho que aportar siempre que se les brinda la oportunidad de hacerlo.

Con esa premisa decidí estudiar Ciencias Empresariales y formarme después en Marketing de Servicios porque estoy convencida de que las empresas las hacen las personas que forman parte de ellas.

Durante 17 años desarrollé mi carrera profesional en la Banca…  ¡Esa gran desconocida!.

Un escenario donde parece no existir más que un interés puramente económico, pero donde yo tuve la suerte de conocer gente estupenda y compartir sus deseos, sus sueños, sus preocupaciones, sus alegrías, sus logros…, gente con la que aún hoy me saludo por la calle y me recuerdan y recuerdo con gran cariño.

En esa búsqueda constante que es mi vida, llegó el momento de cumplir otro de mis sueños…; no, perdón, MI SUEÑO: SER MADRE y recibí el mejor regalo que jamás pude imaginar:

PAULA, cinco letras que encierran un mundo fascinante que me sorprende cada día. Con ella cambiaron las prioridades, pero se mantenía una idea: seguir soñando y hacerla  partícipe de mis sueños.

Soy una persona de fuertes convicciones. Valoro por encima de todo la sinceridad, la comunicación y el esfuerzo y eso se lo debo a mis padres que nos hicieron crecer con los pies en la tierra.

Hay una máxima en mi vida: LA FAMILIA… y la mía es una piña, por eso decidí juntar todo lo bueno que tenía: mi familia, mi hija, mi experiencia, mi pasión por comunicarme con la gente, mi amor por la naturaleza, mis ansias permanentes de aprender……y pusimos en marcha nuestro sueño, ENTRE CEPAS, un sueño nacido para hacer realidad el sueño de muchas personas, un espacio para conocer, para compartir y para disfrutar.

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Una Pasión: El vino;
Un deseo:¡Compartirlo contigo!

Socia Fundadora

Mar Sánchez Pavón

Mar Sánchez Pavón - Sumiller - Enóloga - WSET3 - formadora - Wine tester - Wine Educator-catadora

Me apasionan los lugares, los aromas, los sabores y la gente.

Ir por la vida escuchando y mirando me ha enseñado mucho. Puedo presumir de haber encontrado en el camino personas excepcionales. Algunos estuvieron, otros están y los que llegaron para quedarse acompañarán a todos aquellos que en algún momento anden un trozo del camino a mi lado.

Necesito poner pasión en lo que hago y de entre todas las pasiones que llenan mi vida hay una que me atrapó de forma irrevocable.

Quizá todo empezó cuando siendo estudiante me fui a Francia con la sana intención de aprender Francés.

El destino quiso que fuera a parar a un bucólico lugar rodeado de viñedos.

En mi familia no hay tradición vinícola, ni siquiera una afición reseñable por el vino, pero allí estaba yo, en plena Borgoña Francesa, haciendo unas prácticas como estudiante de turismo en un pequeño Hôtel Château.

La gente era maravillosa pero mi francés muy precario para garantizar una comunicación fluida, y el día tenía demasiadas horas. A mi anfitrión, un négociant – élever de la Côte de Beaune se le ocurrió que embotellar vino podría ser un buen entretenimiento para una española recién llegada y así fue como en mi vocabulario se coló la palabra “bouchon” mucho antes que cápsula.

Volví de Francia, con un nivel de francés bastante más aceptable, y con la convicción de haber descubierto mi gran pasión.

Han pasado muchas cosechas, pero el vino es para mí como esa letra de canción que se queda grabada en la memoria la primera vez que la escuchas y no deja de emocionarte cada vez que la vuelves a oír aunque haya pasado mucho tiempo.

Abrir una botella de vino es un momento tan mágico como lo eran aquellas tardes en la “cave” vistiendo a mano vidrios con etiquetas que no entendía muy bien. Tal vez tuve entre mis manos algún tesoro enológico por el que hoy moriría, no lo sé, pero yo mimaba cada una de aquellas botellas como si de recién nacidos se tratase.

A veces me siento como una cepa, esa planta fuerte que duerme cada invierno para surgir llena de vida año tras año. No me gustan las cosas fáciles y los retos sacan lo mejor de mí.

No concibo momento más feliz que el de compartir una buena botella de vino con aquellos a los que quiero y me quieren, por eso sólo espero que los grandes y pequeños acontecimientos de mi vida me pillen con una copa en la mano para poder brindar por ellos.

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